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PARA EDUCADORES

La Importancia de Pertenecer

El sentimiento de pertenencia es un prerrequisito esencial para alcanzar un sentimiento de autoestima. Necesitamos de un contexto social inmediato en el cual constatar e internalizar nuestra valía. ¿Qué define la pertenencia a una comunidad o grupo? El papel que juegan las escuelas en esta definición es crucial. Lo cierto es que las escuelas proveen poca asistencia emocional y psicológica en cuanto a la “pertenencia” se refiere. En la mayoría de los ambientes educativos de hoy, la “pertenencia” se ha convertido en algo que tiene que ser “ganado” y ha dejado de ser entendida como una necesidad básica en el crecimiento del niño. godferEl mensaje implícito en la mayor parte de los sistemas educativos modernos es “debes tener aptitudes sobresalientes, ser perfecto, para pertenecer.” Esta negligencia por parte de los educadores y las instituciones educativas no radica en una mala intención; radica en el supuesto errado de que los niños llegan a la escuela con sus necesidades emocionales ya satisfechas. Los educadores olvidamos que la experiencia escolar no es únicamente una de tipo academico, deportivo o artístico, sino una emocional. Todos estos aspectos, y otros, constituyen hebras intercaladas de un mismo fenómeno: el desarrollo humano.

Para complicar el panorama, los educadores muchas veces asumimos que sólo una minoría de estudiantes es talentosa y capaz de autorrealización. Olvidamos que todos los niños son niños y al percibir que existen niños “extraordinarios”, niños “normales” y otros con “deficiencias”, contribuimos a que la sociedad valore la uniformidad sobre la diversidad. Pero, ¿quién es esa minoría de talentosos? Es esa minoría creada artificialmente por el hecho de que la mayoría de escuelas invierten - por lo menos de facto- toda su razón de ser en aquellos estudiantes con capacidades académicas, deportivas y artísticas excepcionales. Los estudiantes con aptitudes que no se pueden medir por el curriculum o con aptitudes en áreas menos valoradas o entendidas, son relegados al grupo de los perdedores o mediocres. Más aun, los atributos físicos y económicos también constituyen llaves de pertenencia a un grupo que -aunque son atributos que no involucran merito- las escuelas logran de alguna manera establecer como caracteristicas de éxito.

Cuando las escuelas hacen de la pertenencia y la aceptación un resultado de los logros académicos, deportivos, artísticos y de las apariencias físicas y económicas, dejan al estudiante con dos opciones: un sentimiento de fracaso o un deseo de luchar por esa pertenencia, aveces, cueste lo que cueste. Una consecuencia obvia son las pandillas de adolescentes, en donde los “fracasados” del sistema encuentran y satisfacen los sentimientos de pertenencia independientemente de aquellas capacidades valoradas en sus escuelas. Los “triunfadores” también sufren consecuencias negativas, pues aprenden de manera rápida que su valor depende exclusivamente de aquello que pueden “lograr y/o aparentar”; de este modo viven bajo una presión constante, autoimpuesta y por el grupo. La depresión no es poco común en estos casos.

Si los educadores manejamos la aceptación de la comunidad o grupo como un premio por logros adquiridos y no como una necesidad y derecho natural del jóven, no podemos esperar que los estudiantes crean que son “aceptados” por lo que son. El mensaje que los niños de hoy reciben no es uno de felicidad sino de ansiedad. Un niño que no siente pertenencia no es feliz. Todos los niños son niños, la percepción de que hay niños extraordinarios, normales y otros deficientes confirma que la sociedad valora la uniformidad sobre la diversidad. Los educadores debemos luchar contra esta realidad, empezando por el aula de clase. Un verdadero educador ayuda a sus estudiantes a descubrir sus fortalezas individuales. Estas fortalezas no son siempre aquellas que nuestra sociedad competitiva valora.

Vanessa Proaño
M.A. Ciencias Políticas
M.A. Educación de Lenguas Extranjeras
vanessaproano


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